jueves, 12 de febrero de 2009

Evo Morales y el pueblo boliviano

Evo Morales y el pueblo boliviano
cumplen 16 meses de llegada al poder

por Fernando Valdivia
Director de la Fundación Che Guevara
Jefe de Redacción del Semanario Plumazo


Bolivia anocheció el 18 de diciembre de 2005 con sabor a pueblo. Después de veinte años de gobiernos democráticos que siguieron con alguno que otro matiz las recetas desarrollistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, había un proyecto diferente.
Y es que la victoria en las urnas del Movimiento al Socialismo (MAS) abría, de manera inesperada, un nuevo ciclo histórico. Inesperada, porque a pesar de la seguridad de la victoria electoral, el único que se animó a pronosticar un triunfo por encima del 50% fue el propio Evo Morales. Ese porcentaje lo colocaba de manera automática a la cabeza de un nuevo gobierno, sin necesidad de negociar con otras fuerzas. En suma, se conquistaba el poder político para iniciar el cambio.
Desde entonces, los meses subsiguientes han sido de continua emergencia. Dos fueron las promesas electorales principales que movieron la voluntad popular: la instauración de una Asamblea Constituyente (AC) y la necesidad de revertir al dominio del Estado los hidrocarburos en manos de las empresas transnacionales.

Asamblea Constituyente, pese a todo

En el primer caso, el pacto político que consolidó esta conquista tuvo un alto costo para el movimiento popular. La CPE (Constitución Política del Estado) y las leyes nacionales señalan que tal posibilidad debe ser considerada y aprobada en un periodo legislativo para su ejecución en uno próximo. De esa manera, si el MAS no aceptaba los términos de la convocatoria a la AC (Asamblea Constituyente), podía esperar a redactarla en el actual periodo legislativo, pero a condición de ser puesta en práctica pasado el actual periodo de gobierno. Y Evo se las jugó, aceptando incluso los términos de una convocatoria que, por más que repitiera el aplastante triunfo electoral del 2005, no le permitía contar con la mayoría de dos tercios en la AC.
Esa trampa ha sido repetidamente utilizada por una derecha acorralada que ve con desesperación cómo, a través de los propios mecanismos democráticos que le sirvieron de pretexto para enajenar las riquezas naturales y achicar el Estado, la movilización popular empieza a hacer caminar su propio proyecto. En agosto próximo, el país recibirá formalmente una propuesta de nueva CPE, pero lo más probable es que sean dos proyectos distintos, habida cuenta de la imposibilidad de constituir los dos tercios tramposos. Evo ha propuesto, en ese marco, que sea un referéndum popular quien defina, en última instancia, que país se quiere.
Pero, además, ha ido más allá. Respondió a la andanada mediática de la derecha, que afirma que cada día está más desgastado y que su popularidad desciende ostensiblemente. Recogió el guante magistralmente contestándoles: ya que tan mal me va, hagamos elecciones generales el próximo año (2008) y así tienen la oportunidad de deshacerse de Evo. Ello ha entrampado a la oposición, que debe mostrar coherencia con su propio discurso; y cualquiera sea su definición en torno al desafío, queda en entredicho y pierde credibilidad.

La Nacionalización en marcha

En el otro ámbito, la recuperación de las riquezas naturales ha arrancado el 1º de mayo de 2006, con una sui géneris nacionalización que ha devuelto al Estado el control de los hidrocarburos, por un lado; y abierto las posibilidades para reconstituir en breve plazo a la otrora poderosa Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL).
En el primer caso, la nacionalización ha avanzado, pese a tropiezos institucionales, y consolida paulatinamente ese control estatal. El último hito en ese caminar ha sido la recompra de las refinerías más importantes del país, que estaban en manos de Petrobras. La oposición cifró sus esperanzas en un resquebrajamiento de las relaciones con el Presidente Lula, pero finalmente las negociaciones han arribado a buen puerto y la sangre no llegó al río.
Con las refinerías en manos del Estado, los ingresos del país aumentarán significativamente. Ya, de hecho, la nacionalización ha permitido que los ingresos de 300 millones al 2005, se conviertan en 1.600 millones en la actual gestión. En suma, la nacionalización desenmascaró las permanentes mentiras que amenazaron al gobierno de Evo: no se fueron las inversiones, se obtiene más ingresos y la economía muestra una saludable estabilidad y crecimiento. Por el contrario, parte de esos ingresos convertidos en el bono Juancito Pinto, llegan a bolsillos de los padres de familia de niños en edad escolar.
En el caso de los minerales, la nacionalización de la empresa de fundición de Vinto y el contrato de licitación de los yacimientos de hierro del Mutún, considerados entre las reservas más importantes del mundo, son los pasos que han seguido a una audaz decisión de incorporar masivamente a trabajadores mineros en Huanuni, un centro minero que fuera sucesivamente entregado a empresas transnacionales que prometieron sin cumplir inversiones para el crecimiento de la actividad extractiva.
Con precios y demanda en continua alza, la actividad minera tiene un prometedor futuro en el corto y mediano plazo.

Desafíos por delante

Con base en estas medidas, Evo Morales ha enfrentado hasta ahora de manera exitosa las maniobras desestabilizadoras de la oposición de derecha. Ha desechado en la población el temor a que un gobierno popular podría ser sinónimo de inseguridad jurídica, avasallamiento de la propiedad privada, fuga de capitales, falta de inversiones, disminución de ingresos y decrecimiento del empleo. Por el contrario, todos esos supuestos, generosamente propalados por una red de medios en manos de la oposición, han sido desmentidos por la realidad.
Pese a ello, el resurgimiento de Bolivia no acaba. A la definición que vendrá en torno al nuevo texto de la CPE, habrá que añadirle otros frentes de lucha. Pero, si todo marcha como hasta ahora, el proceso no sólo será irreversible, sino que se fortalecerá de manera decisoria.
Ha impulsado también, aunque de manera tímida, un relanzamiento del proceso agrario, con la intención de devolverle el espíritu con que fueron promulgadas las medidas legales y evitar que grupos de poder las manipulen para mantener privilegios y exclusiones.
Para continuar avanzando, sin duda, requerirá afinar aún más el instrumento político. Una buena señal ha sido el congreso departamental del MAS en Santa Cruz, departamento donde el enfrentamiento con la derecha alcanza su punto álgido. Allí ha sido votada una clara línea hacia el socialismo, apuntalando el viejo anhelo bolivariano de la Patria Grande con la propuesta de estrechar aun más los lazos de integración con Cuba y Venezuela y; finalmente, ratificando expresamente una línea antiimperialista. Una camada de nuevos dirigentes promete erradicar prácticas prebendarias que han sido denunciadas por el propio Presidente de la República.
Si este ejemplo cunde a nivel nacional, Evo Morales habrá complementado al proyecto histórico un elemento vital: una organización revolucionaria que sea el efectivo Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, tal como lo sueñan las diversas organizaciones y movimientos sociales que le sirven de sustento.

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