Una mirada desde los movimientos populares
Los tres meses que van desde la aparición y actuación formal de Fernando Lugo (25 de diciembre de 2006) hasta hoy en el escenario político, es un tiempo suficiente que nos permite arriesgar las líneas políticas generales que seguirá el ex monseñor a partir de un análisis de sus discursos y sus actos. Intentaremos marcar tendencias que el incipiente proyecto político de Lugo puede seguir sin descartar variables imprevistas. También buscaremos caracterizar con más precisión al "fenómeno" Lugo con sus potenciales alcances. Van los siguientes puntos:
Ilusiones
Lugo es un candidato de izquierdas. El mismo Lugo ya se encargó de matar con actos y palabras esta esperanza bien cristiana. Su afirmación de que no importan las ideologías. Su posicionamiento político en el "centro extremo" hablando y actuando con partidos de derecha e izquierda, con empresarios y trabajadores, con ricos y pobres. Su posicionamiento firme y crítico sólo sobre temas de consenso nacional como las represas hidroeléctricas, la corrupción y las acciones del gobierno. Estos puntos son pruebas de que no tomará posición sobre temas conflictivos de clase ni cuestionará a los grupos de poder. Su estrategia es estar por encima de los conflictos sociales y políticos generados por la lucha de clases y acordar con los grupos de poder. En otras palabras, Lugo quiere ser el gran árbitro de lo que podría ser la transición post-colorada aludiendo a los problemas en forma muy general y sin nombrar demasiado a los responsables, salvo, de ves en cuando, a sus adversarios electorales más peligrosos.
Lugo expresará las viejas reivindicaciones de los sectores populares a los grupos de poder oligárquico e imperiales. Cuando pronunció su primer discurso formal aquel 25 de diciembre pasado, en la ciudad de Encarnación, mezclando a ricos y pobres, trabajadores y empresarios, sojeros y campesinos en una misma bolsa, Lugo marcó su estrategia, y no su táctica, discursiva. Su formación en la ideología jerárquica cristiana; su aparente compresión de que el ser colectivo de este país elude históricamente conflictos políticos abiertos con el poder; la conducta política pragmática que asume apasionadamente. Todos estos elementos le condicionan a no expresar intereses concretos de clase, ni siquiera populistas. En términos marxistas, Lugo desarrolla discursos y actos bonapartistas, en el sentido de que se presenta como el gran arbitro, el que cobija a toda la sociedad sin distinción de clases, para resolver la crisis política, económica y social de un modelo (el del Estado Oligárquico Colorado) cuyo certificado de defunción parecería estar firmado. Entonces viene el salvador para salvar la situación. Aunque esto no se ajusta totalmente a Lugo ni a nuestra realidad, ya que el ex Monseñor pareciera tender más hacia la justicia social que hacia el orden reaccionario.
Lugo aspira como estrategia a un proyecto político más allá del 2008. Todos sus actos y discursos corroboran hasta hoy que su objetivo estratégico es llegar a la Presidencia de la República en el 2008, y a partir de este objetivo alcanzado imaginar otros escenarios y objetivos. Lugo sí estaría aspirando hoy a ser la bisagra de la puerta que abra un escenario post-colorado. Su misión sería hacerle el favor a este país derrotando electoralmente al Partido Colorado, más precisamente a la cúpula de este partido: el enemigo común de los partidos derecha, de izquierdas y de las clases medias y populares. No es su objetivo hoy construir un proyecto político mayor con los movimientos sociales y las mayorías excluidas de clase, puesto que pone toda su carne al asador electoral, y no a un proyecto más de largo plazo.
Lugo es un político diferente con una ética y una coherencia política. El ex monseñor es un político pragmático y demagógico que para alcanzar su objetivo electoral se alía con santos y demonios: Un político que encubre históricos conflictos políticos de clase. Para Lugo hoy el fin justifica los medios, distanciándose así de la moral cristiana y reconociendo que las relaciones de poder no pueden encerrarse en una moral de buenos y malos (su último pragmatismo es su coqueteo discursivo con Oviedo) Esto le condiciona a no seguir una ética política que se base en el compromiso con las organizaciones políticas de las mayorías sociales de clase para debilitar las estructuras de poder vigentes. Su única ética podría ser el compromiso con el pueblo (y aquí Lugo nos mete a todos) de derrotar al partido que viene administrando los intereses de la oligarquía nacional y de los imperios durante más de 60 años.
Lugo será el candidato de la Concertación Nacional conformado por los partidos de derechas. Los hechos y actos de Lugo parecen demostrar que en realidad no quiere ser el candidato de la Concertación. Mejor dicho, quiere imponer todas sus condiciones a los partidos de la Concertación para compartir con ellos un proyecto posible de gobierno en el 2008 porque sabe que de no ser así será, si es electo, un presidente prisionero, un fantoche de los demás partidos de la Concertación. Pero como las dirigencias de los demás partidos son tontos pero no tanto, sería muy difícil que se entreguen a Lugo sin condiciones. Lo que Lugo busca es quebrar la Concertación (más específicamente quebrar al PLRA y a Patria Querida), construir otro polo de convergencia incluyendo a organizaciones sociales e imponiendo sus propias reglas que sólo a él y a su proyecto les convienen.
Realidades
Lugo es un hábil y carismático líder político. El juego distractivo que desarrolla con los partidos de la Concertación atacando a su cúpulas pero acercándose a sus bases; firmando documentos sin comprometerse a nada; manteniendo la atención de los medios con su política comunicativa de la incógnita y la incertidumbre para ser El protagonista político mediático del país en los últimos seis meses; estableciendo comunicación directa y pedagógica con la gente; midiendo cada una de sus palabras. Todas estas actitudes son claras señales de que el ex Monseñor estaba perdiendo su tiempo en la Iglesia Católica y que aprende más rápido que Satanás la dinámica a-moral de la política (con lo cual no afirmo que la política no deba tener ética, que es otra cosa). Estamos entonces ante una paraguayo que conoce a la gente de este lugar del mundo, que usa cuanto menos medianamente su inteligencia y que esta completamente convencido de lo que hace.
Lugo puede ser un peligro real para los movimientos sociales y populares. Si las dirigencias de los movimientos sociales y populares y los partidos de izquierdas que quieren ser su expresión no son lúcidas, el ex Monseñor puede vaciar las organizaciones del movimiento social y popular con su estrategia de ganar las elecciones. Si las dirigencias del Bloque Social y Popular, de Tekojoja y Alianza Patriótica Socialista no miran a las elecciones próximas como un medio, como una táctica, más que como una estrategia, se puede caer en un vacuo y desgastante electoralismo. Si la estrategia de las dirigencias del movimiento social y popular no es la de acumular fuerza utilizando este clima electoral y la figura de Lugo, instalando acuciantes problemas políticos y sociales de clase en esta coyuntura, movilizándose por las reivindicaciones cotidianas de la gente, sino es así, entonces el movimiento podría ser víctima del pragmatismo y del eclecticismo de Lugo, vaciándose de su contenido político de clase, con aspiraciones a un proyecto político mayor antioligárquico y antiimperialista que debe ir mucho más allá del 2008. En síntesis, si Lugo marca la estrategia y el camino al movimiento social, es un peligro real. Si el movimiento marca su propia estrategia, sus límites en su próxima participación electoral y su propio discurso político, entonces Lugo puede ser útil y necesario.
El movimiento social y popular necesita tener representantes dentro del Estado. Si bien la política significa sobre todo organización y lucha de la gente en sus relaciones sociales cotidianas, el movimiento social paraguayo necesita hoy ganar cargos en los espacios del poder estatal para desde este espacio apuntalar la construcción de otro tipo de poder, de otro tipo de organización política y de Estado en el país. Puesto que el poder del Estado (mejor de los grupos de poder) es real y concreto e incide significativamente en la vida y el destino de la gente, las elecciones a través de las cuales se puede ingresar a él se convierten en un frente más de lucha y no en El Frente. Negar este frente es negar una parte de la realidad. Sería muy útil vivir una experiencia política dentro del Estado. De ganar esos espacios, el gran desafío es qué y cómo sus representantes dentro del Estado apuntalarán las luchas de poder cotidianas de sus mandantes, y sobre todo qué estructuras sostendrán rigurosamente estas representaciones para que no terminen desvirtuándose. Y Lugo puede ser útil para este objetivo, es decir hasta las elecciones, y sólo hasta las elecciones de 2008.
jueves, 12 de febrero de 2009
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